El paraíso del Malbec

La llamada “uva francesa” fue el cepaje más difundido en Argentina a fines del siglo XIX. Los primeros viticultores plantaban según la tradición europea: cada seis plantas de Malbec, una de la variedad blanca Semillón. Así se elaboraba un corte que, según los antiguos bodegueros, equilibraba la gran concentración de color del Malbec y le quitaba esa marcada aspereza aportada por sus taninos. En Argentina llegaron a existir más de 50 mil hectáreas de este cepaje tinto, distribuidas, sobre todo, en las localidades mendocinas de La Consulta, Luján de Cuyo y Medrano.

Durante los años ´80, nuestro país vivió un fuerte proceso de erradicación de las viñas de Malbec que hizo peligrar la propia existencia de la cepa; pues se pensaba que el futuro estaba asegurado en base a un esquema de mercado en el que predominaban los cepajes de altos rendimientos. Pero luego, con la reestructuración de la vitivinicultura en la década de los ´90, resurgió la implantación del Malbec. Actualmente, la superficie cultivada en Argentina es la más grande del mundo: 16 mil ha. En Francia existen unas 5 mil ha y en California tan sólo 45 ha de Malbec.

Para todos los gustos…

El Malbec argentino se cultiva en todos los oasis vitivinícolas, a lo largo de la Cordillera de los Andes. En el Noroeste –entre los 1.750 y más de los 2.300 metros sobre el nivel del mar-, los paisajes salteños de Cafayate, Yacochuya, Las Viñas y San Carlos vieron surgir una y otra vez esta uva, que allí da Malbec bravíos y corpulentos. En La Rioja, y los privilegiados Valles de Tulum, Ullum, Zonda y El Pedernal, en San Juan, elaboran originales ejemplares de este cepaje. Finalmente, la Patagonia también existe para nuestra cepa bandera, sobre todo en los apreciables y prometedores terruños del Alto Valle del Río Negro.

Suelo y climas ideales

Los suelos arcillo-pedregosos, poco profundos sobre un subsuelo de cantos rodados, que le permiten un excelente drenaje, son los preferidos por esta variedad. El clima soleado, con días cálidos y noches frescas, es el ideal para el Malbec, ya que favorece el buen desarrollo de sus taninos robustos, sus aromas y su intenso color.

Malbec: un vino único

Por la singularidad y cualidades que alcanza en nuestros terruños, el Malbec es la variedad referente de los vinos argentinos en el mundo. Cepaje versátil, con el cual es posible elaborar vinos jóvenes, rosados, espumantes y también ejemplares aptos para prolongadas guardas.

En su color se destaca el rojo intenso, los matices violáceos y azulados, especialmente cuando es joven. Para reconocerlo por sus aromas habrá que recordar el olor de las ciruelas muy maduras o de las mermeladas de mora o guinda. En la boca, el vino se expresará en todo su esplendor; si es joven, apenas una agradable aspereza impresionará el paladar; si ya tiene algunos años, será un vino maduro, de gran complejidad. Su romance con la madera le aportará aromas y gustos a chocolate, vainilla, cuero, café. Otras pistas para reconocer un Malbec: es un tinto generoso, equilibrado y apasionado a la vez, decididamente argentino y para el mundo.

Fuente: Fondo Vitivinícola Mendoza

Foto: web

El paraíso del Malbec

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